He intentado debilitarla por todos los medios a mi alcance: deshacerla, derretirla, quebrarla, cortarla, lijarla... pero ha sido inútil mi esfuerzo... tu cubierta es muy dura, y no logro regresar al corazón que cerraste.
Impotente me alejo, y si no intentas detenerme será para siempre, sin derecho a arrepentimientos.
Ahora me toca a mí cerrarme el pecho, que ha dejado al descubierto mi corazón por tanto tiempo. Pero ya es tiempo de protejerlo, no es sano que luche sin armas contra la dura corteza que guarda tus sentimientos.

Ato mis manos
protegiendo mi pecho,
cuidándolo celosamente
antes de que se escape contigo
y termine desapareciéndo...