
Que distinto es trasnochar cuando uno lo decide y lo desea
hacer en lugar de hacerlo por obligación para
teminar algo de la universidad.
En esta semana en Colombia el tiempo no bastaba para conocer (porque de 9:00 a.m. a 10:30 p.m. estábamos en talleres, conferencias y obras de teatro). Sólo podíamos salir en las noche, dormir una o dos horas y levantarnos a las 7 para seguir con las actividades del congreso de teatro en el que andaba.
Dormía muy poco, pero como disfruté las noches de desvelo hablando y bailando con colombianos, mexicanos, venezolanos, argentinos, peruanos, costarricenses, etc. Conocer otras costumbres, otras formas de comportarse, de bailar, de hacer y concebir el teatro... definitivamente sólo estando ahí se puede vivir esto.
Es curioso pensar que, a pesar del hecho de que todos hablábamos español, muchas veces no nos entendíamos. Tomando en cuenta el hecho de que nos cuesta mucho comunicarnos, aún con las personas más cercanas a nosotros; no es de extrañarse que aquel congreso fuese una especie de torre de Babel, en donde había que decifrar lo que en otros países se denominaba con términos muy distintos a los que yo conocía.
Sin embargo, después de todo, hice bonitas amistades con gente con las cuales espero seguir en contacto, y ojalá nos volvamos a ver en el congreso del próximo año.
En pocas palabras el viaje estuvo lleno de risas, cansancio, mucha comida, demasiado teatro, baile, canciones, ratos amenos, shopping, afecto y nuevos horizontes...