Un hombre, cansado de trabajar y ver que no le alcanzaba el dinero para mantener a sus 12 hijos y su esposa decide marcharse a buscar mejor suerte a otro pueblo, muy distante del suyo.
Se llevó a toda su familia a trabajar en una finca enorme, de un conocido. Para su sorpresa el dueño de la propiedad le ofreció venderle el terreno que estaba trabajando el hombre con sus hijos, el cuál era enorme para él, y pensó que jamás podría pagarlo así que decidido a rechazar la oferta.
Antes de que aquel hombre hablara con el propietario de la finca, sus hijos lo interceptaron para convencerlo de que comprara el terreno, y que todos iban a trabajar sin goce de salario para pagarlo. Ellos le exponían que todos eran una familia, y que como tal saldrían adelante, y pagarían la finca.

El hombre aceptó, y de ese terreno viven sus hijos en la actualidad.
Esta es la historia de mi abuelo, mis tíos y mi madre. Y quise contarla porque en éste momento esa clase de apoyo y de incitación a tomar decisiones es algo vital en mi vida. Que mi familia pueda ayudarme y decirme: Entre a la maestría, usted es capaz de sacarla, o simplemente que vayan a ver mis exámenes de actuación, diciendo implícitamente que apoyan que haya elegido esta carrera, es muy importante para mí, y se los agradezco infinitamente.