Ahora o dejaba la puerta sin llave y entreabierta para ir a trabajar, o llegaba un poco tarde y hacía desastres en mi casa para buscar las... llaves.
Comencé por la sala, saqué todo lo que había en las rendijas de los sillones: Dos botones, 300 colones y un puñito de cabello rubio. ¿Cabello rubio? Soy pelirroja, ¿porqué habría un puñado de cabello rubio en mi sillón?
Continué buscando, miré bajo los sillones, en las mesas, el estante de libros, detrás de televisor... me escurría por el suelo rebuscando en cada rincón y no habían señas de las llaves.
Seguí con mi cuarto, y no tuve mejor suerte... pero bajo la cama había un par de rubios cabellos, lo cuál me intrigaba aún más.
Me fijé en mi armario, y detrás de una pila de cajas de zapatos vacías había un pequeño espacio. Caminé para mirar detrás y sólo divisé una bola de pelo rubia, casi parecía dorada, un poco

Parecía un peluche, algún animalito de los que se guindan en el espejo retrovisor del auto, pero mucho más realista, se movía y escondía sus extremidades bajo el tumulto de pelo.
Abrí lentamente una de las cajas de zapatos supuestamente vacías y empecé a reconocer los objetos que había en ellas: mis viejos lentes para leer, que creí perder el mes pasado, el par de mi arete de perlas, la sandalia que me iba a poner el fin de semana, y las llaves, muchas llaves...
Ahora cada vez que pierdo las llaves sólo voy al armario a saludar a mi nuevo inquilino...