Cahuita

Se deslizan infinitamente,
una tras otra.

Juegan a perseguirse,
hasta romper en un murmullo de espuma
y desvanecerse entre el coral de la orilla.


El mar es como un niño travieso,
que intenta abrazarme torpemente
y me arrastra en un suave vaivén.

¡Cuidado!
No vaya a ser que el niño se encapriche
y te lleve a vivir con él.

Tu regalo


Mi regalo para ti no es un viaje,
sino la esperanza de conocer el mundo juntos.

No iremos a divertirnos a una fiesta hasta el amanecer,
pero te prometo intentar hacerte reír siempre,
hacer muecas y payasear contigo,
dejarte hacerme cosquillas... de vez en cuando.

Ni el cine ni el teatro tendrán nuestra visita en estos días,
pero la historia que construimos juntos
es más valiosa que cualquier ficción.

Mi amor no será un regalo de Navidad,
pues ya es tuyo desde hace años,
éste corazón late fuerte cuando está cerca de tu pecho
y mi alma se entremezcla con la tuya en cada abrazo.

Tu risa es la fuerza que acompaña mi vida,
tu mirada opaca el ocaso más hermoso,
tus besos son torbellinos que me encienden
y tu corazón emite la más arrulladora melodía.

Eclipse


Esta noche los búhos duermen, mientras las ardillas salen a devorar todo a su paso, los gatos aullan como lobos hambrientos y los perros se esconden temerosos.

Hace un frío que congela la sangre, pero hay gente bailando desnuda alrededor de una fogata, cantando, con sus cabelleras bailando en el viento y su piel erizada.

Hay un frenesí que se puede percibir con sólo salir a la calle, las plantas se mueven velozmente, el viento no arrasa pero suena estrepitosamente.

La luna se tornó roja, como los labios de los amantes desenfrenados, como el fuego vibrante que baila entre la madera. Por un instante un torbellino de desenfreno se desató, y al segundo siguiente... volvió la calma.

Mientras la gente dormía, el mundo tuvo un destello de locura.

Inocente alegría

Baila, ríe, ríe ríe... juega, salta, canta y sigue bailando. No le importa quién la mira, o si la miran... le regala una sonrisa a quien quiera, sin importar si es alguien desconocido. Puede cantar sin afinar y bailar con torpeza, pero igualmente es sublime. Ella es el significado de la palabra felicidad, de la ternura y la alegría.

Y necesita tan poco para ser feliz. Un espacio, aunque sea pequeño para jugar... alguien... quien sea que esté dispuesto o jugar también... inclusive podría ser feliz jugando sola...

Aún no piensa en la escuela, ni en hacer agendas de horario para que le alcance el tiempo, no tiene que buscar trabajo, ni siquiera tiene que cocinar su comida.... sólo se dedica a la ardua tarea de no aburrirse, de sonreír y traer luz a quienes la rodean.


Ya lo decidí. Ya sé que quiero ser cuándo sea grande: Niña.

Fotografía de:  

Detener el tiempo

Quiero huir... huir del cemento bajo mis pies, del laberinto cuadrado que limita mi caminar con muchas esquinas, carros y edificios, de los árboles recién plantados que están tan bien podados que parecen plásticos, de las pantallas, los teclados y los controles remotos.

Quiero poder cerrar mis ojos sin percibir la claridad de los bombillos, descansar sin el tic tac de los relojes, respirar sin nubes grises que me intoxiquen y mirar a mi alrededor sin ver paredes, ni rejas, ni vidrios.

Pero sobre todas las cosas quiero... quiero con todas mis fuerzas poder mirarte a los ojos a la luz de las estrellas, besarte sin pensar en cuánto tiempo ha pasado, y cuantas cosas estamos dejando de lado para pasar un rato juntos, cosas que luego tendremos que hacer en poco tiempo y con mucha prisa.

Quiero detener el mundo para que una noche contigo sea un instante eterno.



Suaves manos 
extienden tus besos
sobre toda mi piel...
me estremezco.

No es la luna llena
la que me corta la respiración
son tus ojos, tu sonrisa maliciosa
que me revuelca en el tiempo.

En el calor de tu pecho
me embriago, me envuelvo
deshaciendo tu cuerpo
con mis labios despiertos.

Renacer

Corrí por un sendero de yerberas de colores, busqué entre sus pétalos y sólo vi insectos, una mariquita y un par de hormigas que batallaban por encontrar comida.

Jugué a ser cangrejo, y me escabullí por un agujero en la arena, recorrí todo el túnel y cuando llegué al final... el dueño de aquella cueva me ahuyentó con sus enormes tenazas.

Nadé entre arrecifes de coral, me sumergí hasta lo más profundo y sólo vi peces, hermosos peces de colores y una langosta que se escondía entre la flora marina.

Entré en tu cuarto y revolqué tus libros, me envolví en tus sábanas recordando tu aroma, exploré tu armario colándome entre tu ropa... y nada de tí...nada...


Exhausta, a punto de rendirme caminé al parque me senté sobre las hojas secas... ya habían muerto mis esperanzas de volverte a ver, te había perdido para siempre... me solté el cabello, como a ti te encantaba y empecé a llorar, torrencialmente, hasta sacar todo el dolor que me causaba tu ausencia.

Abrí mis ojos, aún nublados por las lágrimas y vi el charquito que se había formado en la tierra. Me limpié el rostro para observar el cúmulo de agua con detenimiento... empezaste a emerger, a reconstruirte de mis lágrimas, mis recuerdos, nuestros, besos, abrazos y caricias. Esa tarde te abracé con tanta fuerza y me besaste tan suavemente, que sentí que renací... renacimos.

Desbocado


Mi cuerpo ha adquirido vida propia
se agita sólo, llora sólo,
me pone muy triste en un segundo.

 Me falla la propiocepción,
todo se me cae, 
la comida... las sonrisas.

Todos los objetos son un arma...
me golpeo en cualquier mueble
hasta me tropiezo más de lo habitual.

Inútil... estúpida...
no sé cuál es la palabra
pero siento que mi cuerpo se ha desbocado,
ya he dejado de controlarlo.

Hibernaban


Días grises azotaban la capital de Perú... Lima amanecía con un cielo nublado, empalidecido, triste y desolador, y se acostaba con el mismo cielo. No habían atardeceres multicolor, la primavera había llegado sólo como un nombre dedicado a unos cuantos meses, pero sin el amor en el aire, sin el color vibrando por doquier.

La caras se veían serias, frías, con la mirada caída... los cuerpos dejaban una enorme distancia entre ellos, no habían manos acariciándose, labios besándose, ni enamorados mirándose a los ojos.

Un hombre caminaba lentamente, con la mirada en el suelo, y las mejillas caídas, como si toda su vida hubiese estado enfadado y la mueca se le quedara grabada en las arrugas.

Una mujer veía el cielo y fruncía el ceño, la claridad la obligaba a arrugar la cara para mirar sin lastimarse los ojos. La calle se convertía en un vaivén de muecas, de máscaras construidas por un clima inhóspito, por montañas café... áridas.

Sólo las flores salían a saludar en pequeñas islas a lo largo de la ciudad, parques y jardines hermosamente verdes, con flores de colores vivos, intensos, como salidas de una floristería. Jardineros pasaban podándolas, abonándolas, regándolas... mimándolas. Eran la fuente de vitalidad de la ciudad, el color carente en el cielo.

Ese día amaneció como cualquier otro, gris claro, con un tinte de tristeza en el aire. Pero cerca del medio día empezaron a disiparse las nubes, dejando al descubierto un increíble cielo azul y un sol radiante, calentándome el rostro que había permanecido helado por mucho tiempo.

Esa tarde las muecas de los rostros se deshicieron cual hielo puesto al sol, y fueron apareciendo poco a poco las sonrisas, los besos, las caricias, los niños jugando en las calles, la vida escondida en sus interiores, que hibernaba protegiéndose del frío.