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Deshielo

Cuando era pequeña, ella miraba siempre el mar... allá en la lejanía, muy cerquita del horizonte. Vivía y crecía con la arena a sus pies, los cangrejos haciéndole cosquillas,  las hormigas bailando en su cuerpo y el sol tostándole los pensamientos. Cada día venía gente nueva a la playa, y ella escuchaba atenta... historias, sonidos y deseos se mezclaban con las olas distantes.

Poco a poco empezó a notar un cambio en aquel majestuoso océano, que divisaba a diario... las olas se acercaban un poquito más, y otro poquito, y otro más... hasta que un día un escalofrío se coló entre la arena y la hizo despertarse de repente: tenía agua a su alrededor, y ella, sin poder moverse se quedó atónita, sin creer lo que pasaba.

Al principio jugaba con el agua, el ir y venir la hacía reírse hasta que bajaba la marea y el agua se despedía por unas horas. Luego, las olas no se fueron más... siempre estaban golpeándola. El miedo la invadió, ya no podía escapar: los juegos pierden gracia cuando no se pueden controlar.

Una mañana la gran palmera por fin cayó... vulnerable, dejó expuestos todos sus secretos para siempre.


Eclipse


Esta noche los búhos duermen, mientras las ardillas salen a devorar todo a su paso, los gatos aullan como lobos hambrientos y los perros se esconden temerosos.

Hace un frío que congela la sangre, pero hay gente bailando desnuda alrededor de una fogata, cantando, con sus cabelleras bailando en el viento y su piel erizada.

Hay un frenesí que se puede percibir con sólo salir a la calle, las plantas se mueven velozmente, el viento no arrasa pero suena estrepitosamente.

La luna se tornó roja, como los labios de los amantes desenfrenados, como el fuego vibrante que baila entre la madera. Por un instante un torbellino de desenfreno se desató, y al segundo siguiente... volvió la calma.

Mientras la gente dormía, el mundo tuvo un destello de locura.

Renacer

Corrí por un sendero de yerberas de colores, busqué entre sus pétalos y sólo vi insectos, una mariquita y un par de hormigas que batallaban por encontrar comida.

Jugué a ser cangrejo, y me escabullí por un agujero en la arena, recorrí todo el túnel y cuando llegué al final... el dueño de aquella cueva me ahuyentó con sus enormes tenazas.

Nadé entre arrecifes de coral, me sumergí hasta lo más profundo y sólo vi peces, hermosos peces de colores y una langosta que se escondía entre la flora marina.

Entré en tu cuarto y revolqué tus libros, me envolví en tus sábanas recordando tu aroma, exploré tu armario colándome entre tu ropa... y nada de tí...nada...


Exhausta, a punto de rendirme caminé al parque me senté sobre las hojas secas... ya habían muerto mis esperanzas de volverte a ver, te había perdido para siempre... me solté el cabello, como a ti te encantaba y empecé a llorar, torrencialmente, hasta sacar todo el dolor que me causaba tu ausencia.

Abrí mis ojos, aún nublados por las lágrimas y vi el charquito que se había formado en la tierra. Me limpié el rostro para observar el cúmulo de agua con detenimiento... empezaste a emerger, a reconstruirte de mis lágrimas, mis recuerdos, nuestros, besos, abrazos y caricias. Esa tarde te abracé con tanta fuerza y me besaste tan suavemente, que sentí que renací... renacimos.

Doncella Inca


La trajeron cuando aún era muy pequeña, sólo 8 añitos tenía cuando vino a Acllawasi (templo de las doncellas). Hija de nobles, criada entre abundancias y luego obligada a ser recluida en éste templo. 

Aquí pasó sus días entre mujeres, aprendiendo a tejer, a teñir, a hacer prendas hermosas para que Inca y sus esposas pudieran lucirlas. ¿Qué le podría provocar orgullo que saber que el Inca había escogido sus trajes?

Siempre pulcra, vestía hermosos trajes que ella misma hacía, que resaltaban su belleza natural que hubiese encantado a cualquiera. Pero nunca ningún hombre la vio luego de entrar en Acallawasi, pues era necesario asegurar que aún era virgen, sino no podía ser sacrificada a los Dioses en ofrenda a ellos y mucho menos podría aspirar a ser concubina de Inca.

Ese día comenzó a temblar muy fuerte, tanto que pensaron que el templo se les caería encima. Y antes de que cesara el primer temblor ya habían llegado a buscarlas... las doncellas vírgenes que serían sacrificadas para aplacar la furia de los Dioses. Había llegado su hora, el motivo de su existencia.

La escoltaron junto con otras 5 mujeres hacia el gran templo de Pachacamac (al gran Dios del agua), que era el templo principal de aquel sitio.

Cuando llegaron a la cima de la gran montaña pudo observar por primera vez el gran templo. Había cambiado mucho la gran montaña desde que ella entró en Acallawasi, no conocía a nadie, se sentía un poco perdida y desorientada. Algo tenía la chicha morada de ese día, porque le supo un tanto extraña.

Una vez que estuvo en el altar de los sacrificios escuchó un grito muy fuerte, luego la tomaron por el brazo y la bajaron del altar.

- Aaalllttooo!! Deténganse, traigan a otra doncella porque a esta la quiero para mi, de ahora en adelante será mi concubina.

Más en el primer comentario...

Sin salida


Su sombría y siniestra sonrisa
sutilmente se asoma 
por las persianas plásticas
que preciso por la puerta.

Despacio me deslizo debajo del diván 
desde donde difícilmente me divise.
Intento incesantemente investigar
al individuo me indaga.

El merodeador mira molestamente
mi modesta mansión, con mirada maliciosa,
presiona la puerta para pasar
pero he puesto protección impenetrable.

Siento sonidos sordos
sobre mi sala,
hay alguien aarriba...
Han abierto

Corría con mi corazón contrayéndose en mi cuerpo
cuando cruzó por mi cabeza un cruel crujido,
me estrellé estrepitosamente contra el espejo
y en ese estado entendí... era él.


Noticia de última hora, "el antropófago" acaba de cometer un  nuevo crímen. Al parecer se trata de una mujer que se encontraba en la mansión de la avenida 7, en el centro de la ciudad. Las autoridades no confirman aún de quién se trata.

Foto: Cristina Granados

Ocultos

Esa madrugada me acosté a tu lado, como de costumbre, esperé a que te durmieras y a que los espasmos de tu cuerpo cesaran, para asegurarme del grado de profundidad de tus sueños.

Te miré, tan bello, desnudo, inocente... decidí que esa era la noche.

Tomé el frasco de la mesita de noche, dos pastillas y el agua cayeron por mi garganta. El efecto se empezó a notar en seguida. Primero un cosquilleo en todo el cuerpo, luego la piel ya no me quedaba, de repente mis huesos se iban adaptando al nuevo tamaño, mi cabello se encogió, la ropa se transformó en un mar de tela del que tuve que salir, al final quedé tan pequeña como un botón.

Trepé por tu piel desnuda, aferrándome con fuerza para no caer. Caminé por tu pecho, y el latir de tu corazón casi me tira a la cama. Corrí hasta tu garganta y me agarré tu cabello, tan suave, tan negro.


Me introduje por tu boca, bajé y subí, giré y caminé hasta encontrarlos; por primera vez los ví volando libremente, sin el sesgo de tu juicio... hasta esa noche descubrí lo que ocultaban tus pensamientos.

¿Mitos?

Buaaaaajajajaja... una risa malévola salía del cuarto de al lado, pero los muchachos ni se inmutaron, siguieron con la mirada y la mente perdidas en el video juego. Equis, cuadrado, triángulo, arriba, abajo... sus dedos se movían veloces en los controles de la consola, y los golpes de los personajes que manejaban eran extremadamente certeros, destructivos; la sangre los llenaba de adrenalina.

La figura se les apareció de pronto, como una gran luz sobre sus cabezas. Las manos de los muchachos se detuvieron, miraron la imagen difusa con mucha curiosidad, y sus mentes empezaron a maquinar deducciones:

- Fijo es obra de mi hermano... desde que se compró ese proyector no hace más que fastidiar!

- No parece una proyección, porque no está contra una superficie blanca y el color se ve muy nítido... una vez vi un programa en donde revelaban los secretos de los magos y hacían algo parecido a esto.. ¿Cómo era que lo hacían?

- Mmm no, una vez en clases de química unos compañeros hicieron mal una mezcla y salió una nube de gases muy parecida a esta... de fijo tiene que ser algo químico.

- También podría ser...


Mientras oía las conjeturas el fantasma salía de la habitación, cabizbajo, pensando seriamente en donde iba a vivir los próximos 200 años.

Era la tercera casa que visitaba en los últimos meses... ya nadie daba cabida a que fuese un fantasma real...

Carta a la ternura

El lápiz se desliza sobre el papel, esculpiendo palabras sublimes, inocentes, de un profundo amor infantil.

Sus dedos resbalan en la madera pintada de amarillo, y el gris dibuja una flor en el papel. Su mirada se pierde por la ventana del autobús. Se abstrae en sus ilusiones sin percatarse del bochorno que nos aqueja a los demás pasajeros, ahogándonos tras un mar de ventanas cerradas que nos protegen del diluvio que hay fuera.

Carita de esperanza, de cándido amor que imprime tras unas frases para su amada. Aún con su uniforme de escuela piensa en ella de regreso a su casa. Incipiente ternura y atracción, primeros vestigios de amor de un niño.

Vestigios de verde


-  Maaa... me duele respirar.

- Lo sé mi amor, es que éste aire está muy limpio, y tu naricita no está acostumbrada.

-¿Como dijiste que se llama eso mami?

- Bosque dani, bosque. Ves que hay muchos árboles, flores, pajaritos... ¿Oyes el río?

- Mmm no mami ¿Cómo suena?

- Como agua que corre entre piedras,  que juega entre plantas.

- Ah, es lo que suena como si lloviera...

- Sí, eso mi amor.

Se adentraron hasta encontrar el río, dani se resbaló pues nunca había caminado en zacate húmedo, ni entre tierra y piedras, pero su madre la sostuvo para que no cayera.


- Mami el agua es transparente, como la que sale del tubo de la casa.

- Sí mi amor, así deberían ser todos los ríos. ¿Te querés meter a nadar?

- ¿A nadar? ¿En un río? Pero nunca me has dejado... ¿No se supone que me puedo morir si trago agua ahí adentro?

- En éste no... está limpio. Vamos, yo me meto con vos.

Y dani nadó por primera vez en un río, limpio, rodeado de bosque y respirando aire puro. ¿Sus hijos aún alcanzarán a tener esta experiencia?

Tentación



Ahí está, tirado en mi cama,
deshaciéndose en mis sábanas,
bañándolas con el chocolate de su piel,
invitándome a probarlo.


Yace quieto, desnudo,
tentándome a lanzármele encima
y succionar lentamente
el jarabe de sus venas,
morder sus suaves labios,
jugar con ellos, saborearlos.

Yo sigo aún de pie
al lado de la cama,
sólo lo observo con ansia,
con hambre implacable de probarlo.

Alza su rostro
y sus ojos de almendra me miran,
sus labios son tan rojos
que juraría que son un par de cerezas maduras.

- ¿No vas a venir?

Al concluir la frase...
mi ropa ya estaba en el suelo.
Empecé a degustarlo, a probarlo,
a morderlo, a comerlo,
hasta el acabármelo...

Claustro

Caía una gota, y luego otra, y cada vez se llenaba más la olla bajo aquella gotera, que sonaba incesantemente como un martilleo en mi cráneo, que se hacía tan insoportable como el hambre que me albergaba.

En las noches los aguaceros hacían imposible que consiguiera conciliar el sueño, cada vez habían más goteras en el cuartucho. Ya no tenía donde comer o cocinar, porque platos, vasos y ollas estaban llenos de agua llovida, que cada mañana usaba para bañarme. De todos modos, sin comida los platos se hacen inútiles, hacía una semana se me había acabado todo... ni siquiera una fruta a medio comer quedaba en mi basurero.

Pero no iba a salir, si salía me encontraban, y no iba a permitir que ellos ganaran. Lo único que me quedaba era mi libertad, y apenas pusiera un pie fuera de mi casa se acababa, porque me aguardaban en la calle... esperando a que me rindiera, pero soy más fuerte de lo que creyeron.

Los desvaríos aparecían más frecuentemente que la luz que se colaba por las goteras: Para que quiero libertad si vivo encerrado, para qué ganar sino como, ni duermo, ni respiro aire fresco desde hace meses... ya no sé a que huele el chocolate, o que tan dulce es el azúcar, o a qué sabe un buen vino tinto.

Desgraciadamente hoy la locura le ganó a la razón ¿O viceversa? y a rastras abro la puerta, que rechina retorciéndome hasta el hígado. El primer rayo de sol golpea mi rostro y siento que me quema... aaah como arde, que calor, que sed, que hambre, que...


— Buenas señorita, quisiera reportar un cadáver que lleva tres días tirado frente a la puerta de mi vecino. Nadie lo ha recogido y ya el olor se hace insoportable.

Todo un arte...



Música: Salsa con Coco, versión del Gran Combo de Puerto Rico.
Lugar: La sala de mi casa.
Bailarina: Yo.
Impulso: Demasiadas ganas de bailar y hacer feo.

Y se abren los telones frente al gran espejo de la sala de mi casa, que de casualidad hoy está sola; agarro el gran micrófono (el cepillo para el cabello), y se pronuncian las palabras claves : Música maestro (le doy play a la canción en la pc).

Contoneo la cadera, la cintura, muevo los pies con la música... por allá se me escapa un meneo de hombros, y un jugueteo con mi cabello. Y un, dos, tres... camino hacia el espejo gesticulando la canción, cantándola a todo galillo.

Meto el estómago, saco el trasero, y me muevo lentamente en el espejo, giro, muevo fuertemente las caderas. Ya estoy empezando a sudar. ¡Es cansado esto de ser artista!

Se me viene un chispazo a la cabeza: No revisé si las cortinas estaban bien cerradas, y están al puro frente del espejo... osea a mis espaldas. Me vuelvo bruscamente y veo un par de ojos que se asoman por una rendija que quedaba entre las cortinas. Llego rápidamente a la ventana y ya se había esfumado, y ni rastros de quién fue. Salí de la casa a buscar a mi fisgón, pero como si no existiera... como si me hubiese imaginado ese par de ojos café, redondos y atentos.

Cierro bien las cortinas, y regreso a mi escenario, porque el show debe continuar...

♫"Y después caballeros que me toquen salsa, que me toquen salsa si,
que me toquen salsa... salsa con coco"♫

Sombra escurridiza

La brisa en mi cabello me hace ver sublime ante sus ojos, mi sonrisa inocente y traviesa lo enloquece tanto, como a mí su mirada. Los destellos de luz que entran por los costados de la gran cortina naranja de mi cuarto, y se posan sobre mi silueta aún desnuda lo hacen regocijarse en deseo, mientras sorbe el último trago de ron que le serví hace un par de minutos.

Se va quedando dormido, casi instantáneamente el somnífero termina de hacerle efecto. Veo el reloj: La una de la madrugada. Justo a tiempo.

Me visto muy rápidamente, ya me deben estar esperando abajo en la camioneta, y el tiempo es oro en éste asunto. ¿Qué será hoy: un banco, un millonario, un museo...?

Cambio de planes, hoy hay más diversión. Llegamos a una mansión enorme, el número 4 se queda en la puerta desactivando las alarmas de la alcoba principal. El número 1 y yo (la número 2) entramos a la casa, y el número 3 se queda en la camioneta aguardándonos con el motor encendido.

El silencio es sepulcral, y aún con los disparos no se inmutó nada en aquella casa, los silenciadores de las armas nos invisibilizaron en aquel lugar, como si nada hubiese pasado. ¿Quiénes eran ellos? Ni idea, sólo hago el trabajo sin preguntas y recibo el dinero a cambio.

Vuelvo a mi habitación de cortinas naranja, escurriéndome con el alba que ya se empieza a divisar; y él continúa dormido, inocente, ignorante en su felicidad...

Inocente inquietud

— Mami ¿Cómo sé si estoy enamorado?
— Aún estas muy pequeño mi amor, cuando lo estés lo sabrás, porque el amor deja huella en la gente.
— Ma... ¿si el amor siempre deja huella, entonces tooodas tus pecas significan que estás muy enamorada?
— Tal vez mi amor, o quizá sólo digan que he estado muy enamorada.
— ¿Y porqué yo también tengo pecas si nunca me he enamorado, mami?
— ¿Me amas?
— Si
— ¿Y a tu hermanita?
— Mmm... a veces
— ¿Y a tu perrito?
— También
— Ves... por eso tienes pequitas.


Luego de darle un beso de buenas noches, y cobijarlo, la madre camina hacia la puerta de la habitación del niño.


— Mami!! Yo soy la peca que está debajo de tu ojo derecho ¿verdad? Porque es igualita a la que tengo desde que nací, y desde ahí te amo.


Te sonrío para que no estés triste,
te canto para no aburrirte,
me desvelo para acompañarte
y te extraño... porque no puedo olvidarte.
Eres la peca que juega en mi rodilla,
y yo el mapa que tienes en tu espalda.

Turbada

Las cervezas que ella llevaba dentro la hacían tambalearse, sonreír mucho y moverse sensualmente sin pensar en que llamaba demasiado la atención de las miradas sedientas de los hombres de la barra del bar. Tomar sola era para ellos una invitación abierta para el primero que tomara la decisión de abordarla.

Como perrito faldero se acercaba él a su enagua, intentando meter mano sin que ella lo notase realmente. Un par de palabras genéricas, como plantillas gastadas que ha repetido mil veces:
¿Cómo te llamas? ¿Andas sola?
¡Que linda te ves!
¿Qué estás tomando?¿Te invito a un trago?

Luego de unos minutos ella se siente mareada, va al baño y arroja en el lavatorio todo lo que había tomado. Se sentó en el sanitario y respiró profundamente un par de veces, hasta que las paredes dejaron de girar. Volvió a acercarse al lavatorio, se enjuagó la boca, tomó bastante agua y se mojó la cara para despertar de su alcohólico transe.

Salió del baño y él la esperaba, con su cara babeando, y sus manos hirviendo en deseos de tocarla, rozar su piel desmezuradamente. Pero cuando sus labios intentaron acercarse a los de ella, y los dedos a su falda... sólo recibió un golpe de dura realidad que lo mandó al suelo: Una cachetada de una conciencia femenina que volvió a la lucidez.

Desaparición

Esta vez ya no tenía llaves para cerrar la casa. Los dos juegos de llaves de repuesto también habían desaparecido, y no me explicaba cómo. Es cierto, soy descuidada, pero tres pares de llaves ya es demasiado.

Ahora o dejaba la puerta sin llave y entreabierta para ir a trabajar, o llegaba un poco tarde y hacía desastres en mi casa para buscar las... llaves.

Comencé por la sala, saqué todo lo que había en las rendijas de los sillones: Dos botones, 300 colones y un puñito de cabello rubio. ¿Cabello rubio? Soy pelirroja, ¿porqué habría un puñado de cabello rubio en mi sillón?

Continué buscando, miré bajo los sillones, en las mesas, el estante de libros, detrás de televisor... me escurría por el suelo rebuscando en cada rincón y no habían señas de las llaves.

Seguí con mi cuarto, y no tuve mejor suerte... pero bajo la cama había un par de rubios cabellos, lo cuál me intrigaba aún más.

Me fijé en mi armario, y detrás de una pila de cajas de zapatos vacías había un pequeño espacio. Caminé para mirar detrás y sólo divisé una bola de pelo rubia, casi parecía dorada, un poco resplandeciente. Extendí mi mano para tomarla, cuando mis dedos rozaron el cabello éste se erizó, como cuando la piel es expuesta al aire frío de repente. Inmediatamente solté aquella cosa, y me alejé un momento; La bola de pelo giró haciendo aparecer sus dos grandes ojos y su pequeña boca azul.

Parecía un peluche, algún animalito de los que se guindan en el espejo retrovisor del auto, pero mucho más realista, se movía y escondía sus extremidades bajo el tumulto de pelo.

Abrí lentamente una de las cajas de zapatos supuestamente vacías y empecé a reconocer los objetos que había en ellas: mis viejos lentes para leer, que creí perder el mes pasado, el par de mi arete de perlas, la sandalia que me iba a poner el fin de semana, y las llaves, muchas llaves...

Ahora cada vez que pierdo las llaves sólo voy al armario a saludar a mi nuevo inquilino...

Mis locas!

Para no perder la costumbre el almuerzo de hoy se hizo en mi casa... 43 años de ser amigas y siempre venimos a la mía... ya no es la misma casa de hace tantos años, sin embargo sigue siendo la más pequeña, pero también la más calurosa, acojedora y cómoda.

Ya no es mi madre la que cocina, como hace años lo fue, ahora yo les preparo la comida, acomodo la casa, preparo el té y el fresco, pongo las velitas y adorno la mesa frente al televisor.

Llegan en pelota las cinco, como siempre, se ven en el centro y luego se vienen juntas... siguen locas, igual que cuando teníamos 15, y 20, y 30... bueno desde siempre. También siguen viéndose bellas, a pesar de las arrugas, los lentes, las ojeras, la edad en general.

Hablan igual de duro, interrumpiéndose... interrumpiéndonos unas a otras, para ver quién dice algo más interesante y tomarlo como tema de conversación. Parecemos un montón de cotorras, chismeando, comiendo, riéndonos a carcajadas hasta llorar...

Mis amigas, mis amores... tan bellas como siempre, a pesar de nuestras diferencias no perdemos contacto y de vez en cuando volvemos para apapacharnos unas a otras.

Fisgoneando

Una decena de luciérnagas
desfilaban sobre mi armario,
como faroles intermitentes
que fluyen como un río.

Pececitos de colores
saltan, juegan, se revuelcan
entre los pronunciados pliegues
de las sábanas que me cobijan.

Burbujas revientan en el aire
cuál si fueran fuegos artificiales,
provocando una alegre melodía
que me hace menear los pies.

Pajaritos giran como papalotes,
hormiguitas bailan en hilera,
un gato tararea a la luz de la luna
y mi cuarto se vuelve una locura.

Dejé de fisgonear esa magia,
salí de entre mis sábanas
cerré al fin mis ojos,
y EMPECÉ a soñar...

Libre

¿Cuántas corazas tienes sobre el pecho?
¿Alguna vez te las has quitado todas para liberar tu alma un ratito?...

Le preguntaba la alondra a su amado tortugo, mientras picoteaba su caparazón suavemente para no atravezar su corazón, pero consistentemente para cumplir con la petición de su amor:

Libera mi corazón,
de las ataduras de mi cuerpo.
Descúbreme como nunca
nadie lo ha hecho.

Un último picotazo le arrancó el caparazón, dejando al descubierto un par de hermosas alas, que vivieron enrolladas en su cuerpo a escondidas.


Y el tortugo sintió por primera vez el aire en su pecho, que revoloteaba al compás del canto de su amada golondrina...

Micro-vida

- Hola amor, como te fue hoy.

-Uff, muy cansado, éste niño se rascó la cabeza todo el día, no podía succionar en paz.

-Ay sí, no se ha quedado quieto. No me ha dejado alimentar en paz a mis piojitos.


-Hoy no pude traer mucha sangre. Si la cosa sigue así... vamos a tener que mudarnos de cabeza.

-Con lo que nos ha costado encontrar a éste niño.

-Es que ahora con esto de la higiene personal ya no hay muchos lugares para vivir.


-Pedrito... venga para revisarle la cabeza. Hace días que lo veo rascarse mucho.


-¡Piojitos a empacar otra vez! Apúrense que ya nos descubrieron...