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Hoy no...

Hoy no voy a hablar de ti,
ni de nosotros,
ni de lo que siento...
porque si lo hago
saldrían cientos de aguijones
que dolerían por mucho tiempo.
Y se que mañana ya no querré que duelan,
que ardan mis punzadas.

Hoy me callaré hasta escucharte,
hasta saber que impulsó este largo silencio.
Esperaré un poco más,
antes de desbordarme
y gritar lo que pienso.


En la fuente de agua limpia,
vivo reflejo de nuestros anhelos,
cae una gota obscura
que se esparce como el fuego.

Lejanía....

No seré cruel, no te llamaré para decirte que te quiero ver cada vez que lo piense, no te mandaré un mensaje con cada impulso que me intenta llevar hacia tí y no te pediré que vengas cuando sé que nos es imposible.

No seré masoquista, no pondré nuestra canción, ni veré nuestras fotos, ni me quedaré horas extrañándote. No pensaré cada 5 minutos en tomar el primer autobús a tu casa para verte a través del vidrio de la ventana de tu cuarto...sin que sepas que estoy ahí.

Sin embargo, no sé como hacer para evitar extrañarte, para no pensar en el tiempo que no estarás aquí y no estaré ahí.

Duele vernos poco... o mucho menos de lo que añoramos poder estar juntos; pero las circunstancias así lo dictan (las universidades, la distancia, el mínimo tiempo que nos queda a la semana... o al mes).


Sueño con un paraíso terrenal,
nuestro...
donde podamos unir nuestros cuerpos,
almas y sueños
sin pensar en la existencia
de nada más en el mundo.

Una burbuja nuestra... 
para sumergirme en tus labios
mi dulce ambrosía.

Suicidio sin consentimiento

Agudo cántico resuena en las afueras de mi habitación, que dulcemente arrulla mi mañana. Mi sonrisa se eleva mientras abro mis ojos, doy un gran bostezo y me revuelco entre las cobijas, desperezándome.

Un fuerte golpe me hizo sentarme de repente...

Mientras bailaba en su libertad una barrera invisible le despedazó la espina, el centro de su delicada vida. Inevitablemente cayó agonizante, sin tener mejor destino que la muerte.

El pajarito murió bajo la letal ventana de mi cuarto, ante mis ojos, despidiendo un par de movimientos inútiles y sus últimos trinos ahogados, desmoronándome el corazón.

¿Cuantas veces nos hemos golpeado contra "barreras invisibles" y quedado agonizantes?

Estrellándose contra la realidad



Cabizbaja camina por las aceras, como una sombra imperceptible.
Dentro de sí se debate una batalla campal, su hígado patea al corazón y viceversa, el estómago está completamente revuelto, su garganta está seca y hecha un nudo, en su boca cerrada explotan gritos sordos de furia e impotencia y sus ojos empiezan humedecerse.

Es terrible para su sonrisa confrontar que el dinero es un monstruo que engulle a la necesidad, que el más fuerte no es quien más tiene, sino el que se encuentra con alguien en extrema necesidad que realice lo que al dinero le de la gana.

Luego de la renuncia masiva a su trabajo por la ambición, el irrespeto y el engaño de los altos mandos, lo único que la hace flaquear es pensar en quienes no tuvieron más remedio que aceptar las míseras "nuevas condiciones de trabajo".