Sucias, ajadas, y un poco rotas. Deshaciéndose poco a poco por el uso, raídas por el suelo que las devora con cada giro, cada salto y voltereta sobre mis dedos. Calientes y cansadas guardo mis sandalias en mi bolso tras el ensayo, junto a la botella de agua, la gran enagua de baile y las prensas para amarrarme el cabello.

Aún no me lo creo, trabajar bailando, es pagarme por algo que amo y no que me doy el tiempo para hacerlo
frecuentemente.
Sueño con ser feliz,
con sudar alegremente
las gotas que emana mi frente
al bailar así...
Uno, dos, tres,
salto, salto, giro y salto,
no recordaba cuanto
deseaba bailar folclore otra vez.