La trajeron cuando aún era muy pequeña, sólo 8 añitos tenía cuando vino a Acllawasi (templo de las doncellas). Hija de nobles, criada entre abundancias y luego obligada a ser recluida en éste templo.
Aquí pasó sus días entre mujeres, aprendiendo a tejer, a teñir, a hacer prendas hermosas para que Inca y sus esposas pudieran lucirlas. ¿Qué le podría provocar orgullo que saber que el Inca había escogido sus trajes?
Siempre pulcra, vestía hermosos trajes que ella misma hacía, que resaltaban su belleza natural que hubiese encantado a cualquiera. Pero nunca ningún hombre la vio luego de entrar en Acallawasi, pues era necesario asegurar que aún era virgen, sino no podía ser sacrificada a los Dioses en ofrenda a ellos y mucho menos podría aspirar a ser concubina de Inca.
La escoltaron junto con otras 5 mujeres hacia el gran templo de Pachacamac (al gran Dios del agua), que era el templo principal de aquel sitio.
Cuando llegaron a la cima de la gran montaña pudo observar por primera vez el gran templo. Había cambiado mucho la gran montaña desde que ella entró en Acallawasi, no conocía a nadie, se sentía un poco perdida y desorientada. Algo tenía la chicha morada de ese día, porque le supo un tanto extraña.
Una vez que estuvo en el altar de los sacrificios escuchó un grito muy fuerte, luego la tomaron por el brazo y la bajaron del altar.
- Aaalllttooo!! Deténganse, traigan a otra doncella porque a esta la quiero para mi, de ahora en adelante será mi concubina.
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