"La apoptosis es una muerte celular programada... la apoptosis es una... la apoptosis..."
Él recorría la misma línea del libro por quinta vez, sin poder avanzar de ahí... su mente estaba en otra parte, no podía concentrarse aunque necesitara estudiar con mucha urgencia. Por más que repetía la materia nada se adhería a sus neuronas, todo se resbalaba, se deshacía alzando vuelo sin que él fuese capaz de evitarlo.
Ella, en la oscuridad de su cuarto, leía sin cesar, ocupando su mente con líneas y puntos negros, intentando olvidar los colores de su cuarto cuando él entra y el brillo de sus ojos al amarla. Se sumerge en la diaria ocupación de no recordarlo, para no vivir en el diario sufrimiento de su ausencia.
Camina pesadamente y con dificultad, arrastra un gran bulto y carga un par más en sus hombros. La lluvia empieza a asomarse en la negrura infinita de aquella noche, pero sus ojos anhelantes destellaban cuál luciérnagas, alumbrándole el camino. Empieza a correr para no mojarse, pero se agita impresionantemente por el peso que carga y regresa al lento paso, sintiendo el agua colarse entre su cabello.
Suenan pasos y repentinamente golpean la puerta, de forma insistente. Él se sobresalta y se lanza a mirar, nadie lo visita. ¿Quién podría ser a esa hora y con esa urgencia?
La puerta se abre de golpe y ahí está Ella, con sus ojos destellando, su ropa empapada y sus cosas:
- Me mudo.
El abrazo posterior fue tan largo, que el calor del pecho de él la fue secando. Sus extremidades entrelazadas formaban una amalgama de cuerpo, mente y alma, irrompible.







